Son lugares que no existen. Los satélites los vetan del mapa.No tienen cobertura. Desde la selva amazónica a la estepa siberiana hay zonas que se borran deliberadamente del mapa digital. Ya sean instalaciones militares o playas nudistas, edificios gubernamentales o parques naturales asediados por especuladores que construyen urbanizaciones ilegales, hay espacios del planeta que permanecen ocultos. Todo un catálogo de paisajes omitidos. Si el siglo XXI y Google Earth prometen al usuario de Internet ver cualquier punto de la Tierra en un clic, la realidad se encarga de desmentirlo.Algunos artistas denuncian la falacia de un mundo hipertecnológico desde el cine y el teatro. Los cineastas Isaki Lacuesta e Isa Campo se han armado con sus cámaras para grabar un particular diario de bitácora. Como exploradores modernos han viajado a varios de los lugares que Google Earth oculta. Cámara en mano, los han fotografiado y grabado a ras de suelo. Su proyecto Lugares que no existen. Google Earth está aún en fase de desarrollo.
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Desde un registro muy alejado, el dramaturgo Roger Bernat ha representado el mundo globalizado sobre un escenario, con la obra experimental Rimuski (el nombre de una ciudad imaginaria).«Quería ampliar la superficie del escenario para convertirla en todo el planeta», indica. En Rimuski, cuatro taxistas se meten en la piel de cartógrafos y construyen un mapa de la ciudad desde el coche. A todos se les controla desde la centralita, a través de GPS, webcams y Google Earth. Bernat ha ido más allá del «escenario como lugar de representación» para transformarlo en «un referente de lo que sucede en el exterior» (un referente en el que, además, se cuelan fotogramas de Taxi Driver y del Bronx). «La idea es ir de la refinería de Venezuela a Wall Street, y seguir el trazo del petróleo hasta el barco que llega cargado de fuel al puerto de Tarragona y al taxista que se deja 1.000 euros al mes en gasolina.La obra se desparrama física y conceptualmente. Quiero romper las paredes del teatro, salir a Barcelona y recibir ecos de los cinco continentes», afirma Bernat. En dos años, el experimento de Rimuski ya ha circulado por El Cairo, Moscú, Lisboa y Rabat, además de las funciones en el Grec (en cada ciudad la obra y las historias de los taxistas cambian).