… Según sostienen teóricos neoliberales, el sujeto se comporta como lo haría una empresa y se enfrenta a sus pares de la misma manera: de forma estratégica, calcula los posibles beneficios y pérdidas que se desprenden de la interacción y busca ante todo defender sus intereses. De esta manera, surge lo que denominamos el sujeto-empresa, el empresario de sí mismo, el emprendedor que compite en el mercado por mantener su nicho y hacer viable su existencia. Obviamente este proceso no ha acontecido de espaldas a marcos institucionales y sin el auspicio de políticas de promoción, que han sido determinantes a la hora de crear la figura del emprendedor/a tal y cómo la conocemos hoy en día. En un trabajo anterior he estudiado cómo se ha ido construyendo el discurso en torno al emprendizaje en cultura en el Estado español y qué tipo de dispositivos e instituciones se han creado para propiciar este fenómeno (Rowan, 2010). A lo largo de los últimos años se ha edificado una densa arquitectura institucional compuesta de incubadoras, planes de promoción, oficinas de información, eventos, charlas y talleres, líneas de financiación o espacios de co-trabajo, que complementada con programas de televisión, eventos públicos, películas libros y revistas, han impuesto un modelo empresarial muy específico en el campo cultural: la figura del emprendedor/a cultural. Este proceso ha venido acompañado por importantes cambios en las políticas públicas y los discursos que las sustentan …

la aparición de sujetos-marca, es decir, personas que son empresa hasta sus últimas consecuencias. El sujeto-empresa es aquel que aprende paulatinamente a implementar y a hacer suyas diferentes estrategias de mercado, y a moverse en un entorno poblado por otras empresas, la producción de una marca fuerte que le representa es tan sólo una consecuencia de este proceso. Así, el emprendedor explota todos sus activos, es decir, sus saberes, sus contactos, sus redes, sus intuiciones y sus afectos y se convierte prácticamente en una máquina cuyo objetivo es aumentar la productividad  y competir en el mercado con otras formas empresariales. Debe poner su cuerpo a trabajar y depende de su capacidad para autogestionarse lo que le hace viable o no como modelo empresarial. Como cualquier empresa debe aprender a producir una constelación de signos, elementos visuales, discursos propios y rasgos identitarios que le diferencien de sus competidores y ayuden a su identificación. Es entonces cuando se empieza a producir el sujeto-marca, es decir, se genera un interfaz capaz de mantener de forma sostenida al sujeto-empresa en la esfera pública. La marca es la condensación del valor del sujeto-empresa, es el punto en el que sus activos se exponen al escrutinio de sus posibles clientes y potenciales competidores …

El valor simbólico, que siempre ha sido crucial en el campo de producción cultural -como bien argumentó Bourdieu- , adquiere ahora unos mecanismos optimizados para su construcción y diseminación, y por lo tanto resulta imprescindible analizar el auge del sujeto-marca para entender las recientes transformaciones en el campo cultural. Para ello se puede servir de diferentes herramientas y tecnologías de la comunicación como los blogs, cuentas de Twitter y de  Facebook y otras redes sociales que sirven para construir la identidad digital de la marca, y al mismo tiempo sirven para promocionarse dentro de los espacios de validación social de la cultura: inauguraciones, saraos, presentaciones, conferencias, etc. De esta manera su cuerpo deviene la barrera última que distancia a la empresa de sus clientes, el cuerpo es el propio interface de la marca. Es por esta razón por la que en ocasiones se hace muy complicado separar lo público de lo privado, lo íntimo de lo social, la realidad de lo que se busca proyectar. La necesidad de regular lo que la marca comunica implica un proceso de regulación, es decir, es necesario hacer un trabajo constante de evaluación en torno a qué emociones se exteriorizan y cuáles no, qué ideas se pueden formular en público y cuáles no, qué comportamientos son deseables y cuáles no. En este sentido la marca puede terminar siendo un marco de contención y un límite al desarrollo de la subjetividad, el autocontrol se transforma en paranoia. Un tweet demasiado mordaz, un comentario desafortunado, una emoción mal calculada pueden hacer que la marca se resienta …

City users / city makers

Out of the agents that energise and produce the natural city, the post industrial artisan, the local contractor and the hardware dealer, are key characters. The local contractor is at once businessman, community player and a possible political figure. He knows the nuts and bolts of his constantly forming environment like no one else. We see him as part of the larger story of urban based class struggle that David Harvey talks about. According to Harvey, the city is no more the site where the factory exists but is – in lieu of the factory – itself the agency of production and also the product itself. It consists of the alienated worker in the planned discourse and the relatively less alienated figure – a bit like a post-industrial artisan – the contractor, his team of workers and network of collaborators. (We are aware this is a huge departure of the narrative presented but feel that this trajectory of thought is worth following as well.)

Construction site in Shivaji Nagar, Deonar, Mumbai. Photo by urbz team.

El ajustado precio de su suelo lo ha convertido en un lugar idóneo para restaurantes, bares y galerías de arte. Desde hace poco más de un año, Londres ha decidido que se necesitan más inmigrantes en la zona, pero no de perfil industrial, sino tecnológico. La apuesta va acompañada de una inversión de 10.000 millones de euros por parte del Gobierno local.

El East End era, hasta hace poco, uno de los barrios de Londres en los que convivía una clase media con un alto índice de inmigrantes. En su mayoría se dedicaban a trabajar en los muelles, cerca de la Torre de Londres.

Eric Van Der Kleij es consejero delegado de la empresa estatal creada al efecto, Tech City. Su meta es atraer talento, hacer que antes de pensar en ningún otro lugar, se tenga Londres en cuenta. Ofrece ventajas fiscales y consultoría gratuita por parte de su equipo 

… this profound shift and the three major trends that are central to it. These trends will have an enormous impact on our economy and our society:

1) We don’t actually know the true composition of the new workforce. After 2005, the government stopped counting independent workers in a meaningful and accurate way. Studies have shown that the independent workforce has grown and changed significantly since then, but the government hasn’t substantiated those results with a new, official count. Washington can’t fix what it can’t count. Since policies and budget decisions are based on data, freelancers are not being taken into account as a viable, critical component of the U.S. workforce. We’re not acknowledging their prevalence and economic contributions, let alone addressing the myriad challenges they face.

2) Jobs no longer provide the protections and security that workers used to expect. The basics ­ such as health insurance, protection from unpaid wages, a retirement plan, and unemployment insurance ­ are out of reach for one-third of working Americans. Independent workers are forced to seek them elsewhere, and if they can’t find or afford them, then they go without. Our current support system is based on a traditional employment model, where one worker must be tethered to one employer to receive those benefits. Given that fewer and fewer of us are working this way, it’s time to build a new support system that allows for the flexible and mobile way that people are working.

3) This new, changing workforce needs to build economic security in profoundly new ways. For the new workforce, the New Deal is irrelevant. When it was passed in the 1930s, the New Deal provided workers with important protections and benefits ­ but those securities were built for a traditional employer-employee relationship. The New Deal has not evolved to include independent workers: no unemployment during lean times; no protections from age, race, and gender discrimination; no enforcement from the Department of Labor when employers don’t pay; and the list goes on.

The solution will rest with our ability to form networks for exchange and to create political power. I call this “new mutualism .” You will be reading more about this idea in subsequent articles from me next week, as I believe that new mutualism will be at the core of the new social support system that we need to build for the new workforce.

In the weeks since the Entrepreneurial Revolution article appeared in HBR, government leaders, business executives, entrepreneurs, NGO directors, heads of institutes, university professors, and foundations have been asking me to help them instigate a revolution. Here is my advice to all of you on how to get started in just six months.

  1. Revolutions start local
  2. Revolutions need participants 
  3. Revolutions require resources …
  4. Revolutions need revolutionaries 
  5. Revolutions need a call to action …
  6. Revolutions need an inner council …
  7. …  revolutions need leadership …

The last decade has been witness to the rise of the geeks. What began as a glorification of tech entrepreneurs making it big from the rise of the IT industry, has now permeated every aspect of society. Single-minded obsession with obscure endeavors, hyper-specialization, and technical nerdery of all sorts are glorified across the board. But is such geekery really a good way to foster talent? The most pressing problems in science and technology, and more broadly in business and the economy, don’t lend themselves readily to specialists’ solutions. They require not just inter-discipinary teamwork to make progress, but transdisciplinary thinking - literally, we need people that can have converstaions between disciplinary appraoches to problems inside their own head. In fact, you could argue that most of the gridlock around big problems like global warming, health care, and so on, stem from the inability of narrow specialist and interest groups to speak each others’ language, translate heuristics and integrate complex concepts and data. They’re too specialized, having become more and more isolated in focused communities, thanks to the web. Let’s take a classic example of a geek to unpack this dilemma. London taxi drivers are uber-geeks, memorizing the entire fractal street network of one of the world’s biggest cities. In fact, they are so specialized that scientists have measured distinct enlargement of a portion of the hippocampus in their brains. Yet another recent study has found that the widespread use of GPS technology for personal navigation is reducing the ability of everyday people to find their way at all. On the one hand, the super geeks who can DIY, on the other, lost sheep perpetually dependent on assistive technology. Before you cry foul, and lament the loss of another basic human ability, let me ask you - are you lamenting the ability to do tell time from environmental cues (destroyed by clocks), to do complex mathematical calculations in your mind (destroyed by calculators), or to remember facts (destroyed by Google)? No, because each of these technologies, to which we’ve outsourced some basic functions, have allowed us to give up some geekery in order to spend our precious brain cycles on more broad, integrative thinking. (Of course, the more worrying part of the study, that atrophy of the hippocampus might be tied to dementia, should not be overlooked. But it’s a very preliminary finding) I have alternated back and forth between geekery and generalism in my own career. I can say without a doubt, I’m happier and more productive, and more relevant, when I’m a generalist.

[Jaron Rowan] A lo largo del año 2009 realicé una investigación financiada por el Centro Cultural Montehermoso con el objeto de analizar los diferentes discursos, narrativas, programas e instituciones nacidos para promover el emprendizaje en cultura en el Estado español denominada “Emprendizajes en Cultura: sus discursos, alteraciones y contradicciones en el Estado Español”. Este trabajo combina una parte de análisis discursiva con fragmentos de entrevistas y conversaciones mantenidas con responsables de micro-empresas y trabajadores autónomos de la cultura e intenta comprender el fenómeno del emprendizaje en el ámbito cultural.

La creciente economización de la cultura fomentada por los programas de promoción de las industrias cretivas necesitan de una figura laboral capaz de poner en valor la cultura y rentabilizar el trabajo cultural. El emprendedor/a nace en este contexto como nuevo elemento capaz de promover el desarrollo económico y fomentar la articulación de un tejido empresarial en torno a la cultura.

La aparición de la figura del emprendedor cultural no es un hecho casual ni anecdótico, con el trabajo atestiguo que en el Estado español se ha tejido una trama densa de políticas, instituciones, organísmos y programas formativos diseñados para promover el emprendizaje. Analizando la relación que se establece entre estos diferentes elementos y comprobando las repercisiones que estas medidas y entidades tienen sobre la esfera cultural pongo de manifesto un complejo sistema de gobernance en el que las microempresas de la cultura están estrechamente implicadas.

La investigación puede descargarse libremente en esta página.

Business Design is an emerging discipline, practiced by people.

Those folks have diverse backgrounds, but they share a depth and passion for business. We’re not business experts. We’re designers with business expertise.

We’re human-centered, optimistic, entrepreneurial, pragmatic folks that make business possibilities concrete and real.

We’re deep. We geek out about business models, get inspired by business and we have experience and love getting things designed, trialed, done and made.

Business Design is a craft, not a field of knowledge.

At the highest level, we work alongside our collaborators and other design disciplines to do two things:

  1. Design business opportunities: creating new options, finding new ways and means for our clients to create value
  2. Help designs realize or find their business value: identifying constraints, so we may design around and through them

One big point of confusion that I’ve spoken and written about before is that I don’t mean Design+Business or Business+Design. It’s a practical mix of entrepreneurship, commerce and art all a “making” focus.