I guess, when being asked about “pirate politics,” that the Pirate Bay court case and the subsequent popularity of The Pirate Party (in the European Parliament elections) here in Sweden has showed that there is a huge civic, national interest in questions regarding digitization, changing conditions for copyright, and issues of privacy, surveillance, data retention etc. The problem is that the mainstream parties have failed to properly debate these things, to bring them up onto the agenda.
gapingvoid: ten qustions for chris anderson, editor-in-chief for wired magazine
… 2. I think a lot of people have seemed to miss the point of your book, especially people in your business. To me, the point of your book is not about “Free VERSUS Paid”, but a concorde between “Free AND Paid”. As a cartoonist who swings between “Free” and “Paid” quite happily, I don’t see a conflict between the two. Like I said before,
Any profession is in constant, ever-changing negotiation with “Free vs Paid”. When does your lawyer friend offer you free legal advice, and when does he start charging? Ditto with your heart-surgeon pal you play tennis on Tuesdays with. Musicians give their music away for free on MySpace, but charge for the CDs, live gigs and the t-shirts. Petroleum Industry consultants might give 5% of their stuff away for free, just to drum up some new business, but then charge top dollar 95% the rest of the time. In Internet circles, the 95-5% converse is often true. Everyone has their sweet spot. Cartoonists are no different.
In other words, “Free” has always been with us, “Free” is nothing new. So why do you think it’s so hard for people to get their heads around it? Why all the controversy? What are they afraid of?
Well put. I think there are two classes of people who are afraid or skeptical of Free: those who grew up before the web (ie, olds like me) and people whose industries are threatened by the web (ie, media people like me). Many in my generation or profession (mostly, I hope, those who haven’t read the book) assume that Free is something of a Ponzi scheme. Meanwhile, my kids are also appalled that I wrote a book called FREE, but not because it’s wrong/scary, but because it’s so freaking obvious. Needless to say, they’re both wrong. Free is neither a mirage nor is it self-evident. Instead, it’s an essential, but complicated, component of a 21st century business model—not the only price, but often the best one …
| — | El nuevo escenario de las redes sociales: las muchas ventajas que pueden reportar a las empresas |
El antropólogo e historiador Chris Kelty (Nevada, 1972) anima a sus estudiantes de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), y a todo aquel que acude a sus conferencias, a desarrollar trabajos relacionados con DIYBio, un proyecto en el que los aficionados a la biotecnología investigan sobre este tema en su propia casa, sin depender de grandes laboratorios. Este profesor especialista en proyectos de código abierto -aquel que puede ser libremente copiado y modificado- ha participado en elCiclo Ecoinnovación que organiza la Escuela de Negocios EOI. En ella explicó cómo el software libre ha evolucionado para aplicarse a varias actividades, desde libros a proyectos de biología. Kelty acaba de publicar el volumenDos bits: el significado cultural del software libre.
«Si las administraciones usan código abierto, contribuyen a crear el conocimiento del futuro»
¿Se planteó en algún momento elegir una licencia para Two bits que no fuese Creative Commons, es decir, abierta a su libre reproducción?
Es un libro convencional que se puede comprar en una tienda. Pero también está disponible gratis en Internet. Desde el principio quise hacerlo así, de las dos formas. Tuve que convencer al editor de que era un buen experimento demarketing, de que la editorial conseguiría vender más libros de esta forma. Hoy puedo decir que es cierto, las expectativas se han cumplido. Cuando tu objetivo es la difusión de conocimiento, la mejor licencia es Creative Commons. No obstante, no funciona igual en todos los mercados, no es lo mismo un libro académico que una novela.
Usted sostiene que el software libre es algo más práctico que ideológico. ¿Qué opinaría de ello Richard Stallman, fundador del movimiento del software libre?
«Hay muchas contradicciones entre la ideología y la realidad del software libre»
Hay un gran conflicto en torno a lo que es el software libre y el código abierto. Hay muchas contradicciones entre la ideología y la realidad del software. Pero lo más interesante es que todo el mundo utiliza las mismas bases, las mismas herramientas y licencias para crear más software libre. En lugar de un movimiento social típico, en el que se tienen diferentes formas de actuación para un mismo objetivo, en el software libre ocurre al contrario: hay diferentes objetivos pero un mismo modo de actuación. Por ello es un movimiento inusual. Es importante que la gente involucrada entienda por qué lo están haciendo, aunque no sigan estrictamente la filosofía. Hay muchas cosas que acaban saliendo del software libre que después no tienen mucho que ver con él, como la mayoría de herramientas de la Web 2.0.
Pero Stallman no quiso apadrinar su libro Two bits…
No fue por la idea que se trata en él sino por una serie de términos que yo utilizo y que Stallman no quiere que se usen, como “propiedad intelectual”. Es un término tabú para él pero normal para todo el mundo.
«La ciencia siempre ha avanzado gracias a los proyectos abiertos»
¿La comunidad libre ha superado conceptos que Stallman no?
Sus principios sobre software libre son perfectos para la era del ordenador doméstico y para la primera etapa de Internet. El problema es que hay una nueva generación de software, sobre todo en la Web 2.0, donde esos principios no encajan de la misma manera. Hay muchas personas que creen de forma intuitiva en el software libre pero no ven cómo aplicar estos principios a las nuevas herramientas. No es que la gente que hace cosas con software libre quiera estar por encima de Stallman, es que el mundo ha cambiado, y realmente es difícil actualizar los principios del software libre a esta nueva era. Estoy convencido, aún así, de que mucha gente quiere hacerlo. Será el paso a una nueva generación.
¿Qué le falta al software libre para convertirse en un estándar?
Ya es algo normal en la industria. Siempre que ahora desarrollas una aplicación, decides si es abierta o propietaria. No se puede ignorar. El futuro del software libre tendrá mucho que ver con lo que suceda con servicios como Google o Facebook. Google, de puertas para adentro, usa código abierto, y de ahí nacen sus servicios. Pero no ponen a disposición de la gente todo lo que realizan. En el futuro va a existir nuevamente un conflicto de monopolio. Google será el próximo monopolio, y nadie se preocupará de Microsoft.
¿Le parecen necesarias las patentes?
Sí. El problema está centrado en que antes se daba por hecho que una nueva patente era buena para la innovación, nadie se lo cuestionaba. No ha sido hasta hace unos años cuando la gente se ha empezado a plantear si registrar una patente estimula la innovación o supone un freno. Va a ser un punto esencial de la próxima década. Ya no es sólo un tema de registro y licencia sino de construir la innovación.
¿La utilización de software libre debería ser una obligación para las administraciones públicas?
No creo que sea necesario imponer nada. Sería magnífico que los gobiernos lo vieran como algo necesario para sus intereses. Si las administraciones utilizan software libre están contribuyendo a construir el conocimiento del futuro, dejando abierta la posibilidad de que alguien con nuevas ideas pueda recoger esas infraestructuras y crear algo nuevo. En cambio, si se utiliza software propietario, será el fabricante del mismo el que decida cuándo se dispondrá de nuevo software. No es sólo una cuestión de costes.
¿Cómo convence a sus alumnos de ayudar en proyectos abiertos?
El argumento más fuerte es decirles que es la manera en la que la ciencia siempre ha avanzado. Si el estudiante está interesado en que su investigación se difunda, debe apostar por ese modelo. Lo más difícil es enseñarles que si ponen a disposición de otros su trabajo aún así pueden ganar dinero.
¿Qué tiene más valor para sus estudiantes, la Enciclopedia Británica o Wikipedia?
Mis estudiantes nacieron después de 1989, se han educado con Wikipedia. Uno de los retos más importantes en institutos y universidades es la alfabetización digital, lo que supone enseñar a las personas a valorar la autoría de los textos que encuentran en Internet. Wikipedia es el modelo perfecto para enseñar. Ahora los alumnos tienen acceso inmediato a todas las definiciones. El reto como profesor consiste en ayudarles a discernir qué es correcto y qué no. Es un cambio radical en la pedagogía.
Tertulia Educación Expandida en Puente al Mundo (comentado también aquí)
Juanjo Muñoz. Profesor de Filosofía del I.E.S. Antonio Domínguez Ortiz (Sevilla).
La Educación Expandida es otra forma de entender la educación. Más allá de lo académico, disciplinar, institucional, parte de la premisa de que la educación es algo que puede suceder en cualquier momento y en cualquier lugar. Parte de un diagnóstico sobre la situación actual de la educación que incluye una serie de aspectos importantes: expectativas del profesorado, relación con la educación no formal, situación ante el alumnado, autoexculpación del profesorado, etc. A partir de este diagnóstico, se apuesta por revalorizar formas de educación __más allá de las asignaturas__ y de los tradicionales tiempos y espacios escolares. En esta actitud y práctica, se rompen los estrechos límites que en varios sentidos tiene la educación actual. Se trata de unas prácticas pedagógicas críticas y que aportan soluciones objetivas y esperanzas a un sistema educativo que, a día de hoy, vemos hacer aguas sin ofrecer alternativas claras.
Educación Expandida en Balzac.tv.
La educación expandida es aquella que puede suceder en cualquier momento y en cualquier lugar. Estuvimos en el Zemos98, en Sevilla, con Ronaldo Lemos, Jesús Martín Barbero, Brian Lamb, y Juan Freire, para que nos explicaran cómo veían la educación en la era de Internet. Y te preguntamos: ¿cómo se expande para tí la educación?
Entrevistas realizadas en Marzo en Sevilla, durante el Simposio de Educación Expandida de Zemos98.
Juan Freire enfoca la idea de espacio público como un concepto amplio, un lugar donde las personas pueden interactuar y desarrollar cosas, donde se puede generar innovación social. Y no sólo se trata de espacios físicos, también internet es un lugar público en el cual la gente puede participar y generar debates para transformar la ciudad. El profesor de la Universidad de A Coruña estuvo en las jornadasOcioGune, organizadas por la Universidad de Deusto, y con él hablamos sobre el urbanismo emergente, que es el que surge de la ciudadanía, y sobre el pensamiento de diseño, centrado en el usuario, que puede utilizarse tanto en la construcción de ciudad como en el mundo de las empresas y en la educación.
En tu charla sobre Transformación del espacio público, hablabas del urbanismo emergente, o peer to peer, ¿en qué consiste?
Habitualmente entendemos el urbanismo como un proceso de arriba abajo, planificado por urbanistas o gestores que diseñan por completo la ciudad. En contraposición, o complementariamente a esto, hay una forma de construir la ciudad que es emergente en el sentido en que nace de abajo hacia arriba, a partir de la propia actividad de la gente, que actúa de forma colectiva formando redes, y que es capaz de desarrollar proyectos y cambiar la ciudad, no en cuanto a su arquitectura, sino en sus usos y su funcionamiento. A veces también se utiliza el término del p2p por analogía con las redes que se desarrollan en internet. Yo creo que lo más interesante es que estos procesos no son contrapuestos, es decir, que no es una cosa o la otra, sino dos conceptos que se pueden dar a la vez, y el arte de gobernar una ciudad está en provocar que sucedan estas dos cosas, y que sucedan bien.
¿Cómo podemos provocar esta implicación ciudadana?
Yo creo que un elemento básico es tener espacios públicos en el sentido más amplio, es decir, espacios donde la gente pueda acceder a información, pueda debatir, conversar y tomar decisiones. Los espacios públicos en la ciudad son los que ya conocemos, no sólo los jardines o los museos, sino todos los espacios donde hay interacción entre la gente, que pueden ser muy variados, desde una calle hasta un bar, una sala de exposiciones o un colegio. Pero también hay un espacio público que es digital, internet, donde se produce exactamente ese mismo proceso.
Lo que estamos aprendiendo ahora es que ese espacio digital que parecía que era útil para trabajar a distancia, ahora resulta que se utiliza muy intensamente a nivel local. Desde el ocio, en el caso de los adolescentes es clarísimo como viven en digital y a la vez en local, hasta grupos de ciudadanos que se organizan en plataformas dentro de internet para luego desarrollar actuaciones físicas, sobre el territorio.
Pero al final la gente que se implica en estos procesos es muy poca, y existe una idea generalizada de que en la práctica, esta forma de planificación basada en la participación ciudadana puede resultar caótica y poco efectiva.
Sí, pero yo creo que eso viene de dos razones. Dentro de la historia reciente, hemos vivido mucho tiempo pensando que la ciudad es la planificación y la arquitectura, un concepto de ciudad como algo físico, alejado del ciudadano. Hemos acabado por creérnoslo porque es lo que nos han ido diciendo, pero en realidad nunca ha sido así. La ciudad siempre ha sido un proceso vital, siempre ha sido la resulta de la vida de sus ciudadanos, pero es algo que se ha valorado poco.
“En los procesos de participación, la administración no utiliza los lenguajes ni las herramientas adecuadas.”
Eso ha provocado un desánimo, nos ha llevado a pensar que la participación no es posible, porque cuando hemos asistido a procesos, digamos reglados, de la administración, casi siempre han resultado iniciativas en las cuales la propia administración no creía, tenía la respuesta a priori y no utilizaba las herramientas ni los lenguajes adecuados. Este es un problema importante, las administraciones no se comunican bien con los ciudadanos, no saben narrar las historias que tienen que contar.
Y después hay un cambio necesario, que yo creo que va más allá de las ciudades. Hemos entendido siempre que algo tan complicado como una ciudad sólo se puede gobernar de forma jerárquica y controlada. Ahora estamos descubriendo, no por el entorno urbano, sino por lo que pasa en el mundo de las empresas y en el de internet, que estos sistemas tan complejos no se pueden gobernar así porque es imposible planificar y predecir su comportamiento. Precisamente en estos entornos complejos hay que aplicar otras formas de gobernanza mucho más horizontales y basadas en procesos emergentes. Es una preconcepción que está equivocada, lo complejo no se puede gobernar desde la planificación.
Dices que la innovación social surge en los espacios públicos que están poco reglados.
La ciudad se ha caracterizado siempre por la combinación entre espacios reglados y no reglados. Los espacios públicos son eso, una calle es un sitio donde hay ciertas normas escritas, pero muchas más que no están recogidas en papel, que se negocian constantemente entre la gente, sino seríamos autómatas.
Los espacios con reglamentación débil, que se gobiernan de forma autónoma, son los que periten que suceda la innovación, es donde tienes capacidad de hacer cosas distintas, donde la ciudadanía puede tener una idea y desarrollarla. Si todo está estrictamente planificado esa innovación no puede suceder. Por tanto, que se pierda espacio público con estas características es preocupante porque es lo que mata la innovación social y, en el fondo, la vida de la ciudad.
El concepto del pensamiento de diseño, ¿puede aplicarse a procesos dentro de la ciudad?
El pensamiento de diseño es un término que se está popularizando, primero surgió en EEUU y ahora está llegando a Europa. En realidad significa algo que tiene grandes dosis de sentido común pero que no se aplica, y que puede utilizarse tanto en el gobierno de las ciudades como dentro de la educación, en el diseño de servicios y de objetos. No es más que utilizar la forma en que trabajan los diseñadores, quienes aplican una aproximación a los problemas basada en situar al usuario en el centro, en pensar desde su punto de vista. En la ciudad, consistiría en enfocar el problema desde el ciudadano, no desde la ciudad como un ente abstracto, ni desde el político o desde la arquitectura.
Se trata de introducir al usuario en el diseño de la solución, que sea un proceso participativo donde el usuario es diseñador, y también, que sea un proceso de experimentación continua, porque la solución perfecta no existe y vas llegando a ella casi por ensayo error, por prototipos, no en el sentido de un objeto que no se utiliza, sino el prototipo de algo que es real y funciona, del que aprendes y que vas modificando. Esa es una idea que yo creo que es muy potente, en contraposición a la de la planificación o al diseñador que crea algo sin consultar con nadie, que cree que tiene una idea genial y diseña una solución completa para luego ponerla en el mercado.
“En la ciudad no puede estar todo planificado, porque entonces se mata la innovación.”
El pensamiento de diseño me parece también muy potente a nivel de educación porque es el método de aprender haciendo, que es una metodología, y también el del aprendizaje basado en problemas, que es algo parecido. Son métodos que hasta ahora eran marginales, los usaba poca gente. Pero ahora, como el conocimiento ya es tan accesible, el problema ya no es acceder a él sino usarlo, entonces lo importante es enseñar a los alumnos a usar este conocimiento, y la mejor vía para ello es con este modelo de aprender haciendo.
Ahora participas en el proyecto Espacio-Red, donde aplicáis esta forma de trabajar del pensamiento de diseño dentro de la educación.
Sí, se trata de una iniciativa de la Universidad Internacional de Andalucía que consiste en un grupo de trabajo donde hay gente de la propia universidad y gente de fuera, y nos encargan dos cosas: que pensemos cómo la cultura digital afecta a la sociedad y por tanto también a la universidad, y que lo hagamos de forma activa, no con una reflexión teórica sino trabajando con especialistas y con usuarios, haciendo talleres y eventos de todo tipo.
Con los estudiantes trabajamos en esa línea, no les hacemos explicaciones teóricas sino que ellos identifican un proyecto que les interesa que tenga un componente digital y lo ponen en marcha. De esta forma van aprendiendo las herramientas digitales, pero también la cultura en la cual se están metiendo, los códigos, el lenguaje,… Todo esto lo van aprendiendo trabajando sobre su propio proyecto, que es lo que nos parece más interesante.
En su gira europea de 2007, sus conciertos se podían seguir en tiempo real desde su página web, y Gilberto Gil animaba al público a sacar fotografías y grabar con sus móviles y cámaras digitales. “Yo defiendo que el público experimente y se apropie totalmente de las posibilidades que ofrecen las tecnologías”. ¿Sin límites? “Los límites tendrán que ser establecidos tras un amplio debate democrático. La regulación de Internet le corresponde a la sociedad”.
Una de sus mayores preocupaciones, como ministro de cultura, fue el software libre. Y ese complejo equilibrio entre una defensa razonable del derecho del autor sobre su obra y el acceso libre a esa obra como derecho a la cultura. El asunto le apasiona: “Todavía no sabemos hasta qué punto los individuos van a abdicar de su derecho al uso pleno de esas tecnologías y concederlo a las corporaciones”.
Se pronuncia claramente contra las leyes que criminalizan al usuario que descarga archivos protegidos: “Están en juego las libertades en una sociedad democrática. Esas sanciones sólo podrían tomarse en el caso de un gran consenso social”, afirma Gilberto Gil …
| — | Entrevista a Gilberto Gil en El País (12 de julio de 2009) |
