Censorship and deletion practices in Chinese social media, by David Bamman, Brendan O’Connor, and Noah A. Smith. First Monday, Volume 17, Number 3 - 5 March 2012

Abstract: With Twitter and Facebook blocked in China, the stream of information from Chinese domestic social media provides a case study of social media behavior under the influence of active censorship. While much work has looked at efforts to prevent access to information in China (including IP blocking of foreign Web sites or search engine filtering), we present here the first large–scale analysis of political content censorship in social media, i.e., the active deletion of messages published by individuals.

In a statistical analysis of 56 million messages (212,583 of which have been deleted out of 1.3 million checked, more than 16 percent) from the domestic Chinese microblog site Sina Weibo, and 11 million Chinese–language messages from Twitter, we uncover a set a politically sensitive terms whose presence in a message leads to anomalously higher rates of deletion. We also note that the rate of message deletion is not uniform throughout the country, with messages originating in the outlying provinces of Tibet and Qinghai exhibiting much higher deletion rates than those from eastern areas like Beijing.

Accumulation, control and contingency: A critical review of intellectual property rights’ ‘piracy’, by Yiannis Mylonas. First Monday, Volume 16, Number 12 - 5 December 2011

Abstract: This article problematizes piracy a) as a hegemonic discourse and technology of control, aiming to securitize late capitalist accumulation; b) as a practice developed by the multitudes that is compatible to post–Fordist mode of production and to neoliberal norms; and, c) as resistance to dominant mode of late capitalist production, distribution and consumption of immaterial goods. The article addresses and criticizes capitalism’s ‘organic’ and strategic colonization of fundamental social commons, such as culture, intellectual goods, as well as human creativity and communication, by looking at the ideological, institutional and material processes that reproduce the capitalist ‘machine’. This paper concludes by considering the possibility of overcoming the capitalist approach to commons, through the politicization of IPR as well as through the connection of the problem they pose to broader social perspectives, confronting capitalism — in its post political disguises — politically.

Sobre el futuro de China

¿Estallará China?, Paul Krugman, El País (24 Diciembre 2011)

Plantéense el siguiente panorama: últimamente, el crecimiento se ha basado en un fuerte auge de la construcción, impulsado por una escalada de los precios inmobiliarios, y muestra todos los signos clásicos de una burbuja. El crédito ha crecido rápidamente, pero gran parte de ese crecimiento no ha venido a través de la banca tradicional, sino más bien a través de una banca en la sombra, no regulada, que no está sometida a la supervisión del Gobierno ni está apoyada por avales oficiales. Ahora, la burbuja se está pinchando, y hay verdaderas razones para temer una crisis financiera y económica.

¿Estoy describiendo Japón a finales de la década de 1980? ¿O estoy describiendo EE UU en 2007? Podría ser. Pero ahora estoy hablando de China …

Ahora es evidente que la burbuja está pinchándose. ¿Cuánto daño hará a la economía china y al mundo?

Algunos analistas dicen que no nos preocupemos, que China tiene líderes fuertes e inteligentes que harán lo que sea necesario para hacer frente a una recesión. La idea implícita, aunque no se suela expresar, es que China puede hacer lo que haga falta, porque no tiene que preocuparse de exquisiteces democráticas.

Sin embargo, a mí me parece que del dicho al hecho hay mucho trecho. Después de todo, recuerdo muy bien haber oído declaraciones similares sobre Japón en la década de los ochenta, cuando los brillantes burócratas del Ministerio de Finanzas, supuestamente, tenían todo bajo control. Y más tarde oímos afirmaciones de que EE UU no repetiría jamás los errores que llevaron a la década perdida de Japón, cuando, en realidad, estamos haciéndolo incluso peor que Japón.

Por si sirve de algo, las declaraciones sobre la política económica de las autoridades chinas no me parecen especialmente lúcidas. En concreto, la forma en que China ha estado agrediendo a los extranjeros -entre otras cosas, imponiendo una tarifa punitiva a las importaciones de automóviles fabricados en EE UU que no va a hacer nada para ayudar a su economía, pero que servirá para envenenar las relaciones comerciales- no es propia de un Gobierno maduro que sabe lo que hace.

Y los casos de los que se tiene conocimiento dan a entender que aunque el Gobierno de China no esté constreñido por el Estado de derecho, sí lo está por la omnipresente corrupción, que significa que lo que sucede de hecho en el plano local puede tener poco que ver con lo que se ordena en Pekín …

China se democratizará, José Ignacio Torreblanca, El País (23 Diciembre 2011)

… Para poder predecir la democratización de China, se necesitan varias cosas (además de algo de osadía). Primero se necesita un marco analítico en el que pueda encajar esa predicción. Sin duda, la teoría de los “cisnes negros” popularizada por Nicholas Taleb nos permite dar un primer paso: como comprobara EE UU el fatídico 11-S, demasiado a menudo confundimos lo altamente improbable con lo imposible. En otras palabras: no descontemos el poder de las cosas que desconocemos.

Lo segundo que se necesita es “conectar los puntos”. Es lo que también falló en EE UU el 11-S cuando nadie fue capaz de unir los puntos que conectaban informaciones fragmentarias. Retrospectivamente, se vio que toda la información estaba encima de la mesa, pero que nadie fue capaz de interpretarla correctamente. Esto significa que nuestros déficits no suelen ser de información, sino cognitivos, y que tenemos suficientes datos, incluso demasiados, pero pocas o inadecuadas herramientas para interpretarlos.

En el caso de China, el número de puntos es tan numeroso que merece la pena comenzar a pensar en cómo se podrían conectar. Hay un punto evidente llamado Ai Weiwei. Cuando un artista crítico de renombre internacional es detenido, incomunicado y humillado durante 49 días sin que se conozcan los cargos, sin derecho a un abogado y es finalmente acusado de un burdo delito fiscal, sabemos que el sistema tiene un problema. No uno, sino bastantes, como atestigua Liu Xiaobo …

Los billetes que han aterrizado en el patio de la casa de Ai Weiwei para ayudarle a pagar su multa son otro de esos puntos, como lo es que un régimen aparentemente tan poderoso se ponga tan nervioso que llegue a suprimir de Google la palabra “jazmín”. Los habitantes de la ciudad de Wukan, que se han levantado tras morir bajo custodia policial en extrañas circunstancias el líder de sus protestas contra las expropiaciones ilegales, son otro punto a conectar. Como lo son las miles de personas que viajan a Pekín acogiéndose a una tradición peticionaria para pedir justicia y son apaleadas y deportadas …

Science fiction never imagined Google, but it certainly imagined computers that would advise us what to do. HAL 9000, in “2001: A Space Odyssey,” will forever come to mind, his advice, we assume, eminently reliable — before his malfunction. But HAL was a discrete entity, a genie in a bottle, something we imagined owning or being assigned. Google is a distributed entity, a two-way membrane, a game-changing tool on the order of the equally handy flint hand ax, with which we chop our way through the very densest thickets of information. Google is all of those things, and a very large and powerful corporation to boot.

We have yet to take Google’s measure. We’ve seen nothing like it before, and we already perceive much of our world through it. We would all very much like to be sagely and reliably advised by our own private genie; we would like the genie to make the world more transparent, more easily navigable. Google does that for us: it makes everything in the world accessible to everyone, and everyone accessible to the world. But we see everyone looking in, and blame Google.

we are its unpaid content-providers, in one way or another. We generate product for Google, our every search a minuscule contribution. Google is made of us, a sort of coral reef of human minds and their products. …

We never imagined that artificial intelligence would be like this. We imagined discrete entities. Genies. We also seldom imagined (in spite of ample evidence) that emergent technologies would leave legislation in the dust, yet they do. In a world characterized by technologically driven change, we necessarily legislate after the fact, perpetually scrambling to catch up, while the core architectures of the future, increasingly, are erected by entities like Google.

Cyberspace, not so long ago, was a specific elsewhere, one we visited periodically, peering into it from the familiar physical world. Now cyberspace has everted. Turned itself inside out. Colonized the physical. Making Google a central and evolving structural unit not only of the architecture of cyberspace, but of the world. This is the sort of thing that empires and nation-states did, before. But empires and nation-states weren’t organs of global human perception. They had their many eyes, certainly, but they didn’t constitute a single multiplex eye for the entire human species.

De entre las múltiples revoluciones que Internet trae consigo, el e-commerce, el comercio a través de la Red, es una de las más importantes económica y socialmente. Aunque nuestro país no esté a la cabeza en esta faceta -como no lo está prácticamente en ninguna que tenga que ver con el entorno digital-, se estima que este año los españoles habremos gastado 9.400 millones de euros (el 3,5% del total del gasto comercial) en compras online. Estamos lejos, por supuesto, de EE UU (en volumen, 15 veces el de España), pero también lo estamos de países del entorno de la UE como Reino Unido (seis veces más en volumen y un peso relativo más de tres veces superior), Francia, Suecia o Alemania. Solo Italia, entre las grandes economías europeas, tiene un peso relativo del comercio online similar (aunque ligeramente superior) al de España (Online Trends 2011, www.retailresearch.org).

… el comercio es un elemento de estructuración del espacio social de importancia difícil de exagerar. Cerremos un momento los ojos y despojemos al paisaje urbano que nos resulte más familiar del ingrediente comercial. Una ciudad sin tiendas, sin escaparates, sin más luces al anochecer que las del alumbrado público y las de los bares… Lo que queda es una película de ciencia-ficción, una de esas distopías al estilo de Blade Runner o Fahrenheit 451 con empleados de logística en lugar de replicantes o quemadores de libros. Repuestos del horror, imaginémonos a nosotros mismos reducidos a una experiencia de consumidor que no tiene más interlocutor que la pantalla del ordenador, la tableta o el smartphone. Da un poquito de escalofrío ¿no? …

Five centuries before Facebook and the Arab spring, social media helped bring about the Reformation.

Mubarak and Leo X, the anciens régimes

IT IS a familiar-sounding tale: after decades of simmering discontent a new form of media gives opponents of an authoritarian regime a way to express their views, register their solidarity and co-ordinate their actions. The protesters’ message spreads virally through social networks, making it impossible to suppress and highlighting the extent of public support for revolution. The combination of improved publishing technology and social networks is a catalyst for social change where previous efforts had failed.

That’s what happened in the Arab spring. It’s also what happened during the Reformation, nearly 500 years ago, when Martin Luther and his allies took the new media of their day—pamphlets, ballads and woodcuts—and circulated them through social networks to promote their message of religious reform.

Scholars have long debated the relative importance of printed media, oral transmission and images in rallying popular support for the Reformation. Some have championed the central role of printing, a relatively new technology at the time. Opponents of this view emphasise the importance of preaching and other forms of oral transmission. More recently historians have highlighted the role of media as a means of social signalling and co-ordinating public opinion in the Reformation.

Now the internet offers a new perspective on this long-running debate, namely that the important factor was not the printing press itself (which had been around since the 1450s), but the wider system of media sharing along social networks—what is called “social media” today. Luther, like the Arab revolutionaries, grasped the dynamics of this new media environment very quickly, and saw how it could spread his message.

Launching the Innovation Renaissance (Amzn link, B&N for Nook, also iTunes) my new e-book from TED books is now available!  How can we increase innovation? I look at patents, prizes, education, immigration, regulation, trade and other levers of innovation policy. Here’s a brief description:

Unemployment, fear, and fitful growth tell us that the economy is stagnating. The recession, however, is just the tip of iceberg. We have deeper problems. Most importantly, the rate of innovation is down. Patents, which were designed to promote the progress of science and the useful arts, have instead become weapons in a war for competitive advantage with innovation as collateral damage. College, once a foundation for innovation, has been oversold. We have more students in college than ever before, for example, but fewer science majors. Regulations, passed with the best of intentions, have spread like kudzu and now impede progress to everyone’s detriment. Launching the Innovation Renaissance isa fast-paced look at the levers of innovation policy that explains why innovation has slowed and how we can accelerate innovation and build a 21st century economy.

…  son esas deficiencias y esas carencias las que constituyen un enorme potencial para un desarrollo futuro aún más próspero. Si Brasil es capaz de continuar con la política neoliberal que impusieron en el país primero el sociólogo Fernando Henrique Cardoso y después el exsindicalista, Luis Inácio Lula da Silva, junto con potentes políticas sociales, sin caer en tentaciones de cuño exageradamente estatalistas y nacionalistas, sus desafíos de hoy, sus retrasos y sus nuevas exigencias, van a constituir la fuerza de su nuevo ciclo de desarrollo…

… Hay que situar la emancipación desde una perspectiva espacial que implica pensar “desde abajo” y desde una perspectiva temporal que pone en primer plano la tendencia que aspira a que todo aquello común, que hoy sólo compartimos a un nivel virtual y técnico, se convierta en algo actual y político. Y para esto hay que pensar, como experimento, las figuras actuales de la subjetividad.

La primera es la del hombre endeudado, aquel trabajador precario que queda preso del crédito casi de por vida, reducido a una suerte de servidumbre por deudas. A esto corresponde la “renta” del capitalismo actual y la resistencia es decir “no pago”, como una forma multitudinaria del rechazo y, a la vez, de apropiación de la riqueza común. Luego, el hombre mediatizado, que reemplaza a la vieja noción de alienación para dar cuenta del sometimiento a los dispositivos de comunicación, que esconden la inteligencia humana, la verdad común de la comunicación, bajo formas nuevas de control. En tercer lugar, el hombre asegurado es aquel obsesionado por la seguridad de su propiedad, por el riesgo de su vida, por el miedo a la pobreza. Finalmente, el hombre representado, que podemos decir que es el núcleo del problema de la emancipación.

… Este movimiento en continua metamorfosis no puede ser encasillado política o ideológicamente. La inmensa mayoría son gente de todas edades y opiniones que se indignan por diversos motivos y coinciden en que no tienen confianza en los actuales canales de representación política. De ahí que intelectuales y dirigentes políticos vaticinan día tras día su disgregación mientras sigue subiendo como la espuma. O bien, tras reconocer su fuerza a regañadientes, acaban desdeñándolo por no tener resultados concretos, por no organizarse en un proyecto político. Tales actitudes revelan un desconocimiento de la práctica de los movimientos sociales en la historia. Los movimientos sociales tienen efectos políticos, frecuentemente fundamentales, pero no son políticos en el sentido tradicional del término, no se refieren a la ocupación del Estado. Los movimientos cambian la mentalidad de las personas y, por tanto, los valores de la sociedad, son fuente de creación y cambio social. Los partidos políticos trabajan sobre lo que ocurre en la sociedad para gestionar las instituciones que rigen la vida social. Cuando las instituciones pueden escabullirse del control ciudadano, parece que el poder es de los partidos y todo depende de resultados electorales. Pero cuando surge una distancia creciente entre representantes y representados, cuando el modelo económico, ecológico, de protección social o de modo de vida entra en crisis o es cuestionado, entonces los movimientos sociales son la fuente de renovación de la sociedad, el único antídoto contra la esclerosis de una política sometida a las fuerzas irracionales del mercado y a las racionales de la codicia …

La única opción no es votar por uno u otro. Puede ser también elaborar e imponer reformas políticas que aseguren la participación ciudadana en decisiones concretas, mande quien mande. Cuanto más funcione la democracia participativa más efectiva será la democracia representativa. Otra política es posible. Pero sólo tomará forma tras un periodo de indignación y acción. La vida no termina el 20-N. De hecho acaba de empezar.

OCCUPY WALL STREET is not only a mass protest movement intended to draw attention to economic injustice and political corruption. It seeks to embody and thereby to demonstrate the feasibility of certain ideals of participatory democracy. This is, to my mind, what makes OWS so interesting, and so unlike a tea-party protest. OWS is not simply a group of like-minded people gathered together to make a point with a show of collective force, though it is that. The difference is that it has developed into an ongoing micro-society with a micro-government that directly exemplifies a principled alternative to the prevailing American order. The complaint that OWS has failed to produce a coherent list of demands seems to me to miss much of the point of the encampment in Zuccotti Park. The demand is a society more like the little one OWS protestors have mocked up in the park. The mode of governance is the message …

There is a great deal wrong with American governance, and not only within government. I think that the concentrated management and diffuse ownership of public corporations has left a relatively small numbers of corporate managers with insufficiently checked control over trillions of other people’s property. And I think that the relatively unchecked power of government to make or break fortunes has made it more or less inevitable that corporations would in time end up writing their own regulations to their own advantage. Occupy Wall Street is a great boon to the extent that it helps draw attention and build effective opposition to the unjust mechanisms of upward redistribution and to the many flaws in our political economy responsible for the disproportionate influence of the wealthy and powerful over the rules that profoundly affect us all. However, insofar as OWS is meant to persuade Americans to adopt a wholly different and better way to live with one another, it is bound to fail. Even if consensus-based, leaderless participatory democracy could work on a grand scale, Americans aren’t interested. And face it: sooner or later, Brookfield Properties is going to get it’s park back. So for those deeply committed to realising a lasting community governed by the ideals of OWS, let me recommend a seastead.